El mercado de M&A en Cataluña opera con dinámicas propias que no se reflejan en las las métricas agregadas de mercado y actividad. David Rodríguez Rocadembosch comparte su visión del middle-market.
En 2025, la inversión bruta extranjera en España cayó un 22% hasta los 30.764 millones de euros. Cataluña, con 4.510 millones de euros y algo menos del 15% sobre el total, es la segunda comunidad autónoma en captación de recursos, por detrás de la Comunidad de Madrid, con 15.970 millones y cerca del 52% sobre el total, y por delante de Aragón y Andalucía, con 3.387 millones y 1.364 millones, respectivamente. Si nos quedamos ahí, la lectura puede parecer simple: Madrid concentra la mayor parte del capital y Barcelona queda lejos.
Los titulares, a pesar de encabezar portadas y conversaciones ilustradas, suelen ser incompletos. Es necesario analizar, profundizar, y entender en la realidad del tejido empresarial catalán, con una estructura mayoritariamente de Pyme, para generar valor en el M&A del middle-market.
En materia de inversiones, entre otros, las cifras pueden oscilar porque no se contemplan las desinversiones y hay ejercicios que se ven fuertemente impactados por proyectos que distorsionan la comparabilidad entre periodos cuando se analizan los datos del registro estatal en frío. Por ejemplo, en Cataluña, la cifra récord se alcanzó en 2016, con un crecimiento interanual del 50,1% y superando los 8.000 millones de euros (el 3,7% del PIB) porque se produjo la venta de un paquete accionarial de Naturgy. Por otro lado, este 2025, la cifra en Madrid, si bien se ha mantenido como la principal receptora en España, ha caído cerca del 40%.
Además, existe un fenómeno documentado en la literatura económica que los académicos llaman "efecto sede" y que puede sesgar ese análisis pormenorizado. Los flujos de inversión extranjera se asignan estadísticamente al territorio donde el inversor tiene su domicilio social, no donde se materializa esa actividad económica. El 43% de las empresas foráneas que operan en España eligen Madrid para asentarse, casi un tercio del total nacional. Asimismo, un fondo con sede en Madrid que adquiere una empresa química en Tarragona computa como inversión madrileña. El resultado es una fotografía que sobreexpone a Madrid e infraexpone al resto del país.
No es una queja territorial. Es una constatación que, desde un ángulo de M&A, donde el 40% de las operaciones son cross border (inversor internacional y target español) debería tenerse presente antes de sacar conclusiones sobre dónde está realmente la actividad. El mercado de Madrid es extraordinariamente dinámico, impulsado por grandes proyectos greenfield, telecomunicaciones, centros de datos y un sector inmobiliario muy líquido. Pero su dinamismo no implica que el resto del mapa esté en silencio.
De hecho, en un año en que la inversión extranjera cayó con fuerza en toda España, Cataluña resistió mejor que la media nacional: su caída fue del 14%, frente al 22% del conjunto del país y ese 40% de Madrid. No es una cifra para celebrar, pero sí para matizar la narrativa de que todo el dinamismo inversor pasa por un solo código postal.
En Cataluña, la actividad transaccional tiene otra textura. Menos visible, menos mediática, pero sostenida por unos fundamentales que merecen atención.
En un momento complejo para el comercio global con la irrupción de los aranceles de Estados Unidos, el auge del proteccionismo y la coyuntura geopolítica actual, el Govern de la Generalitat de Catalunya mantiene su propuesta de materializar 600 proyectos de inversión extranjera entre 2026 y 2030 y llegar a las 10.000 filiales establecidas en Catalunya.
Las exportaciones catalanas cerraron 2025 en 100.779 millones de euros, un nuevo récord histórico y el tercer año consecutivo por encima de los 100.000 millones. Cataluña representa el 26% del total exportado por España, con cerca de 18.400 empresas catalogadas como exportadoras regulares — aquellas que llevan al menos cuatro años consecutivos vendiendo fuera.
Detrás de estos números hay algo que importa mucho en una operación de M&A: diversificación de exposición de la cuenta de resultados. Una empresa que ya ha superado las barreras regulatorias, logísticas y comerciales de tres o cuatro mercados europeos presenta un perfil de riesgo muy diferente al de una empresa que depende del consumo interno. Los inversores lo saben. Esa diversificación eleva múltiplos de valoración porque reduce la volatilidad de los flujos de caja proyectados.
El middle- market catalán está compuesto en buena medida por empresas industriales, químicas, farmacéuticas, agroalimentarias y de consumo con décadas de historia. Muchas nacieron antes de la crisis de los noventa y han atravesado la burbuja puntocom, la Gran Recesión, la crisis de deuda soberana, la pandemia, y los distintos conflictos bélicos que se suceden. Lo que queda después de ese filtro son compañías con balances conservadores, poca deuda y una capacidad probada de generar caja en un entorno extremadamente exigente.
Para los inversores, ese es probablemente el activo más atractivo del mercado español: empresas que no necesitan ser rescatadas sino acompañadas en su siguiente fase.
Hay un rasgo del mercado catalán que no aparece en ningún informe sectorial pero que puede condicionar el éxito o el fracaso de una operación: la forma en que el empresario entiende qué debería y qué no debería suceder antes, durante y después de la transacción.
El propietario de una empresa familiar en Cataluña no vende únicamente porque el mercado o su segmento de actividad se encuentre en un momento alcista ni porque un fondo de capital riesgo o un competidor directo le haya hecho una oferta atractiva. Vende — cuando lo hace — porque se enfrenta al reto del relevo generacional, porque necesita un socio que aporte capacidades que la empresa no tiene para afrontar nuevos retos estratégicos, o porque ha decidido que es el momento de asegurar el patrimonio familiar. La decisión lleva tiempo y un proceso de reflexión intenso. A veces, años.
Cerca del 88% de las empresas privadas en Cataluña son de propiedad familiar y generan en torno a tres cuartas partes del empleo privado. Pero la estadística más relevante para el M&A es otra: apenas el 30% de las empresas familiares consigue superar el traspaso a la segunda generación. A la tercera, solo llega un 10%. Y según datos recientes, más de 17.000 pymes catalanas afrontarán su relevo generacional en los próximos diez años. Únicamente el 5% de la empresa familiar catalana es centenaria.
Esto significa que una parte importante del tejido empresarial catalán se enfrenta hoy a retos como, entre otros, la atracción y retención de talento, la digitalización y disrupción tecnológica e innovación, la entrada en nuevos mercados y la mejora de resultados y competitividad, afrontar procesos de consolidación sectorial, etc. con el objetivo de asegurar la mejor gestión posible de la empresa, accionistas, y patrimonio. Una transición y planificación ordenada hacia un proceso de venta de la mano de un asesor de M&A se convierte, en muchos casos, en una clara herramienta de preservación de valor futuro.
Quien llega a Cataluña con la velocidad transaccional habitual en otros mercados choca con una realidad distinta. El empresario catalán prioriza tres cosas que no siempre figuran en el modelo financiero del comprador: el mantenimiento de la esencia de la compañía, la sensibilidad por sus empleados, y el arraigo territorial de la actividad productiva. En muchas negociaciones, estos factores pesan tanto como el precio.
No es una posición irracional. El empresario y su familia seguirán viviendo en su entorno después de la venta. Si el inversor deslocaliza la producción o desmantela el equipo, el daño reputacional recae sobre los vendedores. Esa realidad condiciona todo el proceso, desde la originación de la oportunidad, la definición de la estrategia y estructura de la venta y hasta la ejecución y cierre de la transacción.
Para el asesor financiero, esto implica un cambio de registro. Las presentaciones agresivas con múltiplos estirados generan desconfianza inmediata. El empresario tiene un radar muy afinado para detectar el exceso de optimismo comercial. Lo que valora es la capacidad técnica: estructurar un proceso que le dé certeza, anticipar los riesgos que puedan surgir, mitigar los posibles impactos de un proceso de due diligence y, sobre todo, demostrar que entiendes su sector y su mercado, no solo los propios mecanismos de la transacción.
Cataluña tiene casi treinta firmas de asesoramiento M&A compitiendo por mandatos. Es uno de los mercados de asesores más saturados de Europa continental. En ese entorno, la diferencia no la hace el mejor pitch comercial ni quien tiene la agenda más extensa, sino quien sepa poner en valor sus capacidades técnicas y sectoriales y que es capaz de acompañar al empresario y a su compañía a lo largo del proceso y transacción. De minuto cero a minuto noventa de partido.
Desde el equipo de Norgestion en Cataluña conocemos el tejido empresarial catalán y nuestro mercado de M&A, donde atesoramos una amplia experiencia y venimos acompañando a empresarios y sus empresas desde hace muchos años. Es un entorno complejo que no encaja en las narrativas simples por su particularidad, además de ser un mercado con reglas propias, exigente con quien quiere operar en él y generoso con quien se toma el tiempo de entenderlo.
EL tejido empresarial es amplio y variado, con compañías capitalizadas, con vocación internacional, gestionadas por personas y equipos que han construido un proyecto y visión de crecimiento sólido y sostenido durante décadas, lo que ha favorecido su atractivo transaccional, y que quieren que esa esencia empresarial familiar sobreviva a un eventual cambio de propiedad.
La conexión y alineación de intereses y realidades entre vendedores e inversores no se construye con prisa. A poc a poc i bona lletra.
