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El oficio que España no debe perder

España es el cuarto productor manufacturero de la UE y conserva una capacidad fabril que el inversor internacional mira con interés. Análisis de un activo competitivo y de las palancas para sostenerlo.

En 2024, las operaciones de M&A en industria manufacturera española crecieron un 34% respecto al año anterior. España es hoy el cuarto productor manufacturero de la Unión Europea por valor de la producción vendida, con un 9% del total comunitario, por detrás de Alemania (26%), Italia (14%) y Francia (12%). Mientras la economía industrial alemana atraviesa una etapa de debilidad,  los flujos de capital han empezado a mirar al sur. España aparece, sin haber hecho ruido, como un mercado industrial atractivo para los inversores internacionales.

La conversación pública no recoge bien esto. Tiende a fijarse en sectores con un relato más llamativo (turismo, tecnología, banca) y deja en segundo plano una industria que aporta el 12% del valor añadido bruto nacional y emplea a 3 millones de personas, casi el 14% del total del total. Una parte importante de esa industria es manufactura clásica: piezas de metal, transformadores, componentes de automoción, máquina-herramienta, cerámica, química.

Lo que sostiene a buena parte de estas empresas es algo menos contable que la marca, la patente o la red comercial. Es la capacidad de fabricar bien, repetidas veces, con calidad sostenida. El saber adquirido con la experiencia sobre los procesos de fabricación. Lo que en el sector se llama tecnología de proceso. Es, en términos más llanos, el oficio.

I. La industria que España tiene, contada con números

España, sin la potencia industrial de otros países, ha conseguido posicionarse como cuarto productor europeo y ha aguantado mejor que sus pares la presión competitiva de los últimos años. Como muestra, la producción industrial española creció un 1,3% en 2025, frente, por ejemplo, a la contracción alemana. La industria manufacturera continua reforzando su importancia dentro del PIB español.

Hay tres factores estructurales detrás de esto. El primero, el coste energético. España es el segundo mercado europeo más competitivo en precio mayorista de electricidad para uso industrial: solo Francia presenta precios inferiores, favorecida por el fuerte peso de la energía nuclear en su mix energético. El diferencial determina que sectores intensivos en energía (cerámica, siderurgia, química) conserven una ventaja de coste real frente a sus competidores europeos. Por ejemplo, ASCER cifra la facturación de la cerámica española en 4.819 millones de euros en 2024, con cerca del 72% destinado a exportación. O AFM Cluster, que agrupa la máquina-herramienta vasca, cerró 2024 con récord histórico de 2.323 millones de facturación y la exportación creciendo un 8,5%.

El segundo factor es la calidad del empleo industrial. La temporalidad (porcentaje de contratos no indefinidos) en industria es del 10,95%, frente al 16,52% del conjunto del país. Las plantillas industriales son notablemente más estables que el resto del mercado laboral español. Esto importa al inversor: una plantilla con baja rotación es más barata de mantener, transmite mejor el conocimiento técnico y tiene una curva de aprendizaje más rápida cuando se incorporan nuevas tecnologías. La estabilidad laboral, en industria, es activo.

El tercer factor es la concentración geográfica funcional. Cataluña concentra cerca del 22% de la cifra de negocios industrial nacional, Andalucía el 12%, Madrid el 11%, la Comunitat Valenciana cerca del 10% y el País Vasco el 9%. Cada zona con sus especialidades: química y alimentación en Cataluña, automoción en Castilla y León y el Norte, equipos eléctricos en Valencia, máquina-herramienta y siderurgia en Euskadi, aeronáutica y defensa en Madrid. Cada zona refleja décadas de inversión y de transmisión de conocimiento técnico que no se construyen por decisión política u organizativa sino por acumulación generacional.

II. Lo que el inversor extranjero ya ha visto

La inversión extranjera directa productiva en España alcanzó un stock de 628.000 millones de euros a cierre de 2024, un 1,6% más que el año anterior. El flujo bruto recibido en ese mismo año ascendió a más de 38.000 millones, un 22% más que en 2023. Los principales inversores se mantienen estables (Estados Unidos, Alemania, Francia y Reino Unido) y la industria manufacturera figura entre los sectores receptores destacados, junto con energía, comercio y servicios financieros. Una novedad relevante de los últimos dos años es la entrada acelerada de capital chino en la industria española, especialmente en actividades relacionadas con la transición energética: Envision anunció una gigafactoría de baterías en Cáceres por 2.500 millones de euros y una planta de electrolizadores por 1.000 millones, mientras Desay, Coronet y HRC ratificaron inversiones en automoción en Linares. La inversión china directa en España se cuadruplicó en 2025 hasta los 643 millones.

Y es que, cara al inversor, el ecosistema español se muestra sólido, con numerosos ejemplos que brillan con luz propia: CIE Automotive cerró los nueve primeros meses de 2024 con 3.012 millones de facturación y márgenes EBITDA del 18,6%, plantilla superior a 24.000 personas. Gestamp opera 100 plantas en 24 países con 43.000 empleados. Talgo registró récord histórico en 2024 con 669 millones de facturación y una cartera de pedidos por encima de los 4.100 millones. CAF mantiene una cartera de pedidos de casi 14.000 millones y ha ampliado plantilla un 7% en el último año. Mondragón Corporación factura 11.200 millones y emplea a 70.500 personas, con la división industrial creciendo un 2,2%. Power Electronics, en Llíria, facturó 1.091 millones en 2024 y registró beneficio récord, con un plan estratégico de 300 millones de inversión hasta 2027.

Lo que el comprador internacional busca cuando se fija en estas empresas no suele ser el producto en sí mismo, ni el mercado nacional, ni siquiera la marca. Es la capacidad. La capacidad de fabricar piezas críticas con tolerancias ajustadas, de mantener calidad sostenida en series largas, de gestionar cadenas de suministro complejas y de servir a OEMs internacionales sin sorpresas. Esa capacidad es lo que distingue a una empresa industrial de un proveedor cualquiera. 

III. El relevo generacional del oficio: el desafío legítimo

Hay un dato que matiza el cuadro y conviene mirar de frente sin alarmismo. Las vacantes industriales sin cubrir en España rondan las 30.000, según el barómetro CEOE-CEPYME, y se concentran en perfiles de oficio cualificado: soldadores, fresadores, torneros, montadores eléctricos. Los contratos firmados de soldadores cayeron un 6,46% en 2024 hasta 27.857 incorporaciones; los de fresadores y torneros crecieron un 2,65%, pero parten de una base reducida.

A la vez, el envejecimiento de la plantilla industrial se acelera. Más del 12% de los afiliados al sistema industrial supera los 60 años. En ramas como la fabricación de productos metálicos o la metalurgia, el dato es aún más alto. El SEPE incluye estos perfiles en su informe anual de oficios en escasez. Los nuevos contratos en sectores técnicos firmados en 2024 muestran que un 33% se cubrieron con personas mayores de 45 años, lo que sugiere que el reemplazo generacional no se está produciendo al ritmo que la industria necesitaría.

La palanca conocida para corregir esto es la formación profesional dual, que combina aula y empresa. España pasó de 53.385 alumnos matriculados en FP Dual en el curso 2021-2022 a 59.849 en 2023-2024, un crecimiento del 12% en dos cursos. Pero la fotografía comparada sigue siendo desfavorable. Solo el 4,4% del alumnado total de FP española sigue modalidad dual; la media europea ronda el 38% y Alemania alcanza el 80%. La población española de 25 a 64 años con estudios de FP es del 22,7%, frente al 39,2% de la Unión Europea.

El diagnóstico no admite discusión: el activo está vivo, pero la cadena de transmisión es más fina de lo que sería deseable. La parte menos mala de la noticia es que ningún país europeo está cómodamente resuelto en este frente. Italia y Alemania, los dos referentes industriales de la UE, atraviesan procesos similares de envejecimiento y desencaje generacional, agravados en el caso alemán por la caída del PIB en 2024 y por la presión competitiva china en automoción y maquinaria. España, sin haberlo planificado especialmente, ha llegado a este momento con una posición relativa mejor de lo que la conversación pública sugiere.

IV. Una vía de consolidación que ya está en marcha

En el área de la inversión nacional, el private equity español ha cambiado en la última década su lectura del sector industrial. Lo que antes se interpretaba como CAPEX devorador de dividendos se entiende ahora como inversión necesaria para sostener una ventaja competitiva. Casas como Portobello Capital, Magnum Capital, Nazca, Miura, MCH y ProA tienen tesis industriales activas y han desplegado capital en consolidación de empresas medianas con saber hacer fabril.

La estrategia más interesante en este momento es el buy-and-build en oficios especializados. La idea consiste en agrupar empresas medianas, con facturaciones comprendidas de entre 5 y 15 millones (cifras meramente orientativas), que dominan procesos críticos en sus sectores (calderería, soldadura especializada, mecanizado de precisión, corte láser para series cortas) y construir un grupo capaz de servir a OEMs internacionales como proveedor preferente. Es una jugada técnicamente sólida: el comprador integra capacidad fabril difícilmente replicable, y el vendedor familiar consigue continuidad para una empresa que en solitario no podría dar el salto.

La operativa no es trivial. Exige entender la cadena de valor de cada subsector, identificar a los talleres con calidad sostenida y plantilla estable, gestionar negociaciones con propiedad familiar (que pondera mucho la continuidad y el arraigo) y montar una estructura de gobierno que no destruya el conocimiento que se está adquiriendo. Pero cuando se ejecuta bien, genera plataformas industriales con tracción internacional. Es la lógica que Alemania aplicó al Mittelstand durante décadas y que España puede ahora replicar con materia prima propia.

V. Lo que está en juego

España tiene un activo industrial real, sostenido por décadas de inversión y de transmisión de conocimiento, situado en un momento en que el resto de Europa atraviesa dificultades estructurales. Ese activo no se compra ni se adquiere con facilidad; cuesta bastante menos cuidarlo desde dentro. Las palancas son conocidas: ampliar la formación profesional dual, valorizar socialmente al profesional industrial, dar visibilidad a las empresas medianas que sostienen la cadena, y aprovechar la consolidación M&A para construir grupos con capacidad de competir en mercados internacionales.

Preservar nuestro oficio manufacturero no es un debate sobre nostalgia. Es una decisión sobre dónde se va a generar valor industrial en Europa los próximos veinte años, y qué papel quiere jugar España en ese mapa.

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