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"Banca al rescate industrial". Actualidad Económica, Septiembre 2010.

15.09.2010

Ser accionista puede resultar más rentable que aceptar quitas de deuda. Tras los primeros pasos en el ámbito inmobiliario, bancos y cajas empiezan a tomar el control de empresas de otros sectores

ACTUALIDAD ECONOMICA. NORACTION. HUNE

Susana De La Riva, Actualidad Económica.

 

UNA NUEVA GESTIÓN AL VOLANTE DE HUNE (Alejandro Rodríguez-Carmona Director General de NORACTION)

Alejandro Rodríguez-Carmona, director general de Noration, luce en su currículo las siglas que la crisis ha puesto de moda en el mundo empresarial: CRO (Director General de Reestructuración, por sus siglas en inglés).  Él y su empresa son los encargados de analizar compañías, diseñar el traje a medida para la nueva situación de mercado y ejecutarlo.  Una misión que puede desarrollar de tres formas: como asesor, como gestor directo a petición de los accionistas o como inversor de la compañía.

Éste último papel es el que Noraction está desempeñando en la empresa de alquiler de maquinaria Hune.  El anterior propietario, la firma de capital riesgo Advent, decidió salir de la compañía, inundada de deuda, vendiéndola al equipo directivo por un euro.  El cambio no fue aceptado por los acreedores, encabezados por Banesto y Royal Bank of Scotland.  Se llegó a una solución intermedia:  un nuevo inversor que encararía la reestructuración de la empresa.  En dos meses, el nuevo gestor ha fusionado operativamente las dos divisiones de Hune, ha cerrado bases en algunas ciudades y recortado 80 empleos.  La deuda se ha reducido de 511 a 281 millones de euros, tras convertir parte en créditos participativos.  Los fondos propios, que partían de cifras negativas, suman hoy 175 millones de euros.  "Somos conscientes de que nuestra misión es recuperar la deuda.  Hasta que el banco no cobre, nuestras acciones no tienen ningún valor", señala.  Si en los 80 Noraction estuvo más cerca de los acreedores y de las entidades públicas (fue la época de la reconversión industrial) y durante el boom llamó a su puerta el capital riesgo, ahora vuelven a tener como cliente a los banco.  "España necesita que se desarrolle el perfil de empresa de situaciones especiales.  Hasta ahora afrontábamos dos operaciones de propiedad directa al año, pero esta cifra aumentará sustancialmente en los próximos años", apunto Rodríguez-Carmona.

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El pasado 1 de julio, Levantina, el mayor grupo español de producción de piedra natural, cambió de dueños.  Las firmas de capital riesgo Impala y Charterhouse y la aseguradora Axa, que en 2006 compraron la compañía con el objetivo de convertirla en el líder mundial de su sector, terminaron por dejar el control en manos de las entidades que les prestaron el dinero.  El mes pasado, tras una ampliación de capital de 429 millones de euros, que incluyó la conversión de 200 millones de deuda en acciones, los acreedores, liderados por BNP Paribas, Bank of Ireland y la gestora Prudencial, se quedaron con el 82% del capital.

El caso de Levantina no es único.  Igual que sus acreedores han tenido que añadir a su lista de actividades la extracción y comercialización de mármol y piedra natural, otras entidades financieras llevan meses gestionando hospitales, construyendo o alquilando activos inmobiliarios y distribuyendo material eléctrico.

En breve, algunas fabricarán fibras textiles y envases, en unos casos, y donuts y pan de molde, en otros.

USP Hospitales (65%), Colonial (90%), Metrovacesa (78%), Electro Stocks (25ª%), La Seda de Barcelona (32%) y Panrico son firmas que en el último año y medio han metido a las entidades financieras en sus accionariados (con el porcentaje indicado entre paréntesis).   Panrico todavía está diseñando la foto final de la propiedad.  A principios de julio, se anunció que dentro del proceso de refinanciación de su deuda, de 605 millones de euros, los acreedores (Caja Madrid, La Caixa, BBVA y Santander, entre otros) entrarían en el capital y tomarían el control.  Mientras se cerraban los flecos de la operación, entró en escena el hedge fund Oaktree Capital y compró el 20% de la deuda.

Esta situación es consecuencia de la duración y profundidad de la crisis.  "Las empresas no pueden cumplir con sus compromisos financieros.  Los acreedores exigen nuevas eyecciones de capital a los accionistas.  Si éstos no están dispuestos, hay dos escenarios: o las entidades financieras ejecutan y se quedan con las acciones u optan por esperar a ver si la compañía sobrevive a un concurso de acreedores (antigua suspensión de pagos)", apunta José Chirsitan Bertram, socio del departamento de derecho financiero del despacho de abogados Ashurst.

Decantarse por una u otra opción depende del análisis de riesgo que se haga en cada caso y de la capacidad de rescate que le vean a la compañía.  Por ejemplo, los acreedores del fabricante de juguetes Famosa optaron por aceptar una quita del 90% para venderla al fondo de capital riesgo Sun Capital.  Pero no es lo habitual.

El que la banca tome acciones de una compañía es una especie de recalificación de la deuda.  La sociedad necesita aumentar sus fondos propios para seguir funcionando, y la entidad financiera cambia la inversión en crédito por inversión en empresa, la incorpora como participación industrial y gana tiempo para que el activo se pueda recuperar.

Al Margen de su sentido contable, esta conversión, denominada capitalización de deuda, está provocando que una o varias entidades financieras tengan en sus manos la gestión de compañías que nada tienen que ver con su negocio.  Aunque no siempre la participación de la banca alcanza un porcentaje de control.

Nueva Fase.  Los primeros movimientos de este tipo empezaron en el sector inmobiliario, con Metrovacesa y Colonial como casos más representativos.  Pero en los últimos meses se han trasladado a empresas de corte más industrial.

"Las entidades han estado dos años volcadas en el sector inmobiliario.  Ese era el problema más acuciante al que había que buscar solución.  Con las provisiones inmobiliarias ya prácticamente hechas, se ha pasado a atender compañías relacionadas con operaciones de capital riesgo muy apalancadas", afirma Eduardo Pérez, socio de Finanzas Corporativas de la consultora Vd.  Y prosigue "En breve empezarán a expirar refinaciones que se hicieron con un horizonte temporal de dos años.  Y la banca tendrá que decidir qué hace".

La red de hóstiales privados USP fue de la primeras compañías no inmobiarias en pasar a manos de la banca, cuando, a mediados de 2009. Barclays y Royal Bank of Scotland (RBS) tomaron el 65% del capital.  A principios de 2010, fue el banco holandés ING quien se quedó con el 25% del distribuidor catalán de material eléctrico Electro Stocks tras capitalizar parte de la deuda de 250 millones de euros que tenía con la firma de capital riesgo Apax. 

Levantina anunciaba el cambio de manos en mayo de 2010, y poco después Hune, el segundo grupo de maquinaría por detrás de la cotizada GAM, encontraba una solución del gusto de sus principales acreedores (Banesto y RBS) con la entrada de un inversor experto en reestructuraciones (ver apoyo).

Todas estas operaciones responden a un perfil determinado: compañías que fueron adquiridas por firmas de capital riesgo entre 2006 y 2008 con un algo nivel de endeudamiento.  "Casos como el de Panrico van a seguir ocurriendo.  A partir de 2006 el exceso de liquidez a coste muy bajo derivó en operaciones muy apalancadas que se diseñaron contando con planes de negocio que la crisis ha echado por tierra.  Las compañías se han encontrado sin liquidez.  Antes que aceptar las fuertes quitas que proponen los accionistas, los acreedores deciden quedarse con ellas", explica César García, director de Fusiones y Adquisiciones de DC Advisory Partners (antes Atlas Capital).

No sólo están en el punto de mira las operaciones de leverage buy out, como se denominan estas compras de capital riesgo muy apalancadas.  Las probabilidades de acabar en manos de la banca se incrementan en empresas que lanzaron fuertes planes de expansión en el último lustro y en aquellas que pertenecen a sectores especialmente sensibles a la crisis, como son los de materiales de construcción y automoción.  "En general, empresas que invirtieron mucho en sectores cíclicos y sin exposición internacional", apunta Eduardo Pérez, de BDG.

El proceso que comienza a verse ahora en España empezó hace año y medio en EEUU y Reino Unido.  "Allí son más rápidos, más agresivos en reconocer el problema: o aceptan una quita o venden la deuda en el mercado secundario o toman una participación.  Aquí los bancos han preferido la patada hacia delante, refinanciar y alargar plazos para ganar tiempo", opina Neil Collen, socio responsable de la boutique de banca de inversión Livingstone Partners.

De hecho, hasta ahora la capitalización de deuda en empresas españolas ha corrido por cuenta de la banca extranjera, mucho más exhaustiva que la nacional en sus análisis.  Las entidades españolas sólo han entrado en empresas, como las inmobiliarias, donde la propiedad (el riesgo) está muy repartida entre varios acreedores.

LA PRESIÓN DE LA REGULACIÓN. Convertirse en accionista no es un plato de gusto para bancos y cajas, precisamente ahora que está en discusión si estas entidades deberían vender sus participaciones industriales en aras de mejorar su solvencia.  "No es algo nuevo.  En los 80, la banca también se quedó con activos industriales, pero ahora el entorno regulatorio lo dificulta.  En las normativas Basilea II y III (ahora en discusión) las participaciones industriales están muy penalizadas.  Incluso en EEUU y Reino Unido se están quedando con menos participaciones que en otros ciclos", señala Alejandro Rodríguez-Carmona, director general de Noraction, una filial del grupo especializado en gestión y reestructuración de empresas Norgestion.

La regulación tiende a exigir más capital y de mayor calidad.  En este contexto, las participaciones son un lastre que consume recursos de las entidades.  Por tanto, capitalizar deuda será siempre el último recurso, el mal menor ante una situación de impago.  Pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que estas compañías pasen a los balances como cadáveres en el armario.

Como asegura Angel Martín Torres, socio responsable del área de Reestructuración de la consultora KPMG en España, "la capitalización de deuda de una sociedad es un reflejo de que las entidades financieras siguen creyendo en la viabilidad económica del negocio y en su potencial futuro".

YA TIENEN LAS ACCIONES ¿Y AHORA QUÉ? Está claro que la banca nada sabe de extraes mármol o fabricar pan de molde.  El objetivo es venderlo cuanto antes.  "Si se convierten en accionistas es para recuperar su deuda (es este caso ya inversión), mediante la gestión del proyecto, el cobro de dividendos y la venta de la participación una vez que la sociedad y el mercado se recuperen, evitando perder su deuda en quitas que benefician únicamente a los accionistas de la sociedad", apunta Miguel Angel Castelló, socio del área de Reestructuración de la consultora KPMG España.

Pese a tener la responsabilidad de la propiedad, las entidades no suelen gestionar directamente.  "No es tan diferente vigilar un préstamo o la cuenta de resultados.  El capital riesgo tampoco ha sido gestor: analiza el balance y ficha a la mejor gente.  Es primo hermano de la banca.  En EEUU y Reino Unido se han creado departamentos específicos para gestionar el control de las empresas, pero aquí, además de personal con experiencia en capital riesgo, hay un largo historial de participaciones industriales y se puede actuar sobre esa base", afirma Neil Collen.

Las fórmulas son muy diversas y dependen de cada entidad y de la foto de cada compañía.  El control de las nuevas participaciones suele hacerse colocando a alguna persona de confianza en el consejo de administración, como ha hecho ING en Elector Stocks y Barclays en USP.  En ocasiones, se cambia al equipo directivo para poner en marcha un nuevo plan estratégico.  "Cuando la propiedad está repartida entre un pool de entidades, la firma con más deuda lleva la voz cantante.  El resto se aviene a la mayoría o vende su deuda a otro acreedor asumiendo fuertes rebajas: lo que vale 100 se vende a 10", apunta Pérez, de BDO.

La aparición de varios casos en los últimos meses invita a pensar que la banca está pediendo el miedo.  ¿Significa eso que estamos en el principio de una oleada de capitalizaciones de deuda?.  Parece claro que habrá más casos, pero no hay coincidencia respecto a cuántos están por llegar.

"No habrá tantas operaciones.  Quizá cinco o seis más.  A la banca sólo le compensa si son operaciones grandes con una deuda elevada, de varios cientos de millones de euros.  Para cantidades más pequeñas no les sale a cuenta la dedicación que supone", afirma Neil Collen, de Livingstone Partners.  Con él coinciden Angel Martín y Miguel Ángel Castelló, de KPMG, que lo limitan a situaciones muy puntuales, con importantes volúmenes de deuda y accionariado muy determinada.  "No se puede hablar de tendencias, porque no hay soluciones uniformes.  Todo dependerá del análisis concreto que la entidad haga en cada caso", apunta Bertram, de Ashurst.

Sin embargo, Eduardo Pérez, de BDO, cree que en los próximos dos años aún queda tela por cortar.  "Igual hay tres o cuatro casos más vinculados al capital riesgo.  Pero habrá bastantes entre compañías medianas de corte industrial, aunque no estén tan apalancadas", asegura.

 

 

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