Tribuna de Opinión
Los Huesos Oraculares son para la lengua china como las Glosas Emilianenses para el euskera y el castellano; su primera manifestación escrita conocida. Sobre los huesos, que datan de finales de la dinastía Shang (años 1200-1050 A.C.), los oráculos grababan con un punzón de cobre las cuestiones inciertas que querían resolver (ya fuesen sobre cosechas, el porvenir de los miembros de la realeza o cualquier otra) y las sometían a la respuesta de las deidades mediante el calentamiento de los huesos hasta que éstos se fracturaban. Luego, los adivinos interpretaban los patrones que emanaban de las fisuras de los huesos rotos escribiendo en los propios huesos sus pronósticos. Dudo que los pronósticos, en si mismos, fuesen de alguna utilidad, pero lo cierto es que las inscripciones en los huesos nos han dejado un legado muy importante de información sobre la dinastía Shang. La Antigua China de la dinastía Shang dio paso a la Antigua China (aunque menos antigua obviamente) de la Dinastía Chou; la sociedad había evolucionado económica y socialmente, se había sofisticado y, por razón de las nuevas necesidades inherentes al desarrollo, surgieron filosofías, corrientes de pensamiento, que fueron poniendo en su sitio prácticas como la lectura de huesos. Así, el filosofo taoísta chino Lao Tzu, sostuvo que "los que tienen conocimientos no predicen; los que predicen no tienen conocimientos".
Tres milenios más tarde, la pregunta "¿cómo ves la evolución de la situación económica?" es la que más me hacen en los últimos tiempos, con diferencia. La pregunta, entiendo, obedece al deseo del que la hace de obtener una respuesta que le dé un respiro; un bálsamo para su incertidumbre, angustia, cansancio o cualquier inquietud. Un neurocientífico diría que el que pregunta espera que se le proporcione con la respuesta una descarga de placentera dopamina en un cerebro con una amígdala sobresaturada de actividad. Al fin y al cabo, cuando las cosas nos iban más o menos bien, nadie hacía esta pregunta.
En línea con Lao Tzu, el economista canadiense John K. Galbraith decía que "hay dos tipos de pronosticadores; los que no saben y los que no saben que no saben"; y otro oráculo, aunque esta vez no sea chino sino de Omaha (Nebraska), el inversor norteamericano Warren E. Buffett, que "los pronósticos pueden decirte mucho sobre el pronosticador; te dicen nada sobre el futuro". Rara vez aciertan quienes hacen predicciones y, cuando lo hacen, suele ser por casualidad (aunque no lo reconozcan) y de una forma inconsistente en el tiempo. Sin embargo, predecir es algo consustancial a la naturaleza humana y, más aún, cuando tratamos asuntos económicos. La prueba del nueve de esta aseveración es la propia etimología latina del verbo más controvertido en economía; a saber, "especular", que viene de "mirar desde la atalaya", o sea hacia adelante.
Las predicciones -algunos las llaman proyecciones- habitualmente las hacemos considerando el pasado mas reciente que extrapolamos hacia el futuro. De hecho en economía es conocida la teoría del psicólogo israelí Amos Tversky sobre lo natural que nos resulta determinar las tendencias para el largo plazo sobre la base de muestras obtenidas del corto plazo más inmediato. En esencia las personas pronosticamos mirando a través del retrovisor. En estos tiempos, el resultado de esta técnica no será muy halagüeño para los que me hacen la pregunta de moda y que ya hayan hecho sus propias extrapolaciones. No obstante, la buena noticia para disipar ese desánimo, es que el resultado del análisis a veces es falible. Normalmente las extrapolaciones del pasado más reciente hacia el futuro cercano aciertan (no deja de ser una consecuencia del propio tracto sucesivo de hechos), pero hay momentos en los que, tarde o temprano, esta regla quiebra y el porvenir resultará distinto del pasado. Un ejemplo: Salvo que uno fuese John Paulson o Michael Burry, pocos en el año 2006 auguraban la crisis del crédito que se avecinaba en el 2007 derivada de la burbuja inmobiliaria y la puesta en evidencia de los préstamos "subprime" que la retroalimentaba. Otro ejemplo: Durante el 2008, e incluso en el 2009, la mayoría todavía sostenía lo coyuntural del desajuste del sistema financiero y se contaba con una recuperación rápida: Así, el Gobierno de España decía en el verano de 2008 que el PIB español subiría en 2009 un 1% cuando, finalmente, cayó un 3,7%; en su descargo diré que los demás organismos ya sean FMI, BCE o la OCDE y los analistas privados tampoco acertaron mucho más. En ambos ejemplos, la influencia de las circunstancias mas recientes, podría decirse que nuestros huesos oraculares, marcaron equivocadamente los pronósticos. Veamos si se cumplen los pronósticos de las recientes cumbres europeas y del G20 reunidas esta pasada semana. Por ello, hoy, no deberíamos obviar que las circunstancias cambian, casi siempre cuando menos se espera, también para bien.
Una vez le preguntaron al banquero John Pierpont "JP" Morgan cómo evolucionaría la bolsa, a lo que contestó con un escueto: "fluctuará". Creo que tampoco es mala respuesta para la pregunta del momento.